Entre  las sorpresas que esperan este domingo a los visitantes de Intur, la Feria Internacional de Turismo que se celebra en Valladolid, Turismo de Japón realizará una demostración de karakuri, esos tradicionales muñecos autómatas que tuvieron su período de esplendor en los siglos XVIII y XIX.

En los mismos años en que las cortes europeas se asombraban con los habilidosos autómatas de Jaquet-Droz, los japoneses habían desarrollado la construcción de muñecas mecánicas denominadas Karakuri Ningyo, capaces de desarrollar las actividades más sorprendentes.

Los muñecos se accionaban mediante un complicado sistema de engranajes y poleas y los señores feudales gustaban de sorprender a las visitas con su asombroso juguete, capaz de servir el té, bajar escaleras o caminar sobre una cuerda. Así,  término karakuri, podría traducirse como ‘aparatos mecánicos para producir la sorpresa en una persona’.

Su uso se extendía más allá de los caprichos personales de los señores, de modo que se distinguían tres tipos de figuras, cuya mayor tarea era la representación de mitos y leyendas tradicionales a través de sus representaciones:

  • Las “Butai Karakuri” usados en el teatro.
  • Las “Zashiki Karakuri” más pequeñas y con las que se jugaba en las habitaciones.
  • Las “Dashi Karakuri” que se utilizaban en las festividades religiosas.

Otras aplicaciones muy interesantes fueron:

  • El . Karakuri que escribe: capaz de escribir caracteres Kanji con precisión asombrosa.
  • El karakuri que lanza flechas: diseñado en el siglo XIX, posee un carcaj con cuatro flechas que va extrayendo y lanzando sobre una diana.
  • El karakuri que hace trucos de magia: sostiene una caja y, cada vez que la levanta, hace aparecer un objeto nuevo para asombro de los espectadores.
  • El karakuri que sirve el té o mueve una hélice: éstos son quizás los más conocidos. Después de servirlo, y cuando el invitado terminaba de tomar el té, colocaba de nuevo la taza sobre el autómata y éste se marchaba con el servicio por donde había venido.
  • El kaarakuri que baja las escaleras: un verdadero e incansable acróbata que hacía las delicias de los espectadores.

Quienes se acerquen a Intur esta última jornada no pueden perderse esta curiosa sorpresa y muchas otras sorpresas que ofrece la gran cita del turismo de interior.

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