La ventaja es que las principales zonas urbanas y monumentales que mejor representan Sevilla están próximos. Para conocer el casco antiguo basta con subir a la Giralda, visitar la Catedral y el Alcázar y pasear tranquilamente por la  antigua  Judería con sus calles estrechas y llenas de flores, donde hay lugares como Casa Román, en la plaza de los Venerables, o el bar  Las Teresas, en la calle Santa Teresa en los que podrá degustar un auténtico jamón de pata negra y queso viejo con un buen jerez.

A la salida del barrio puede acercarse al parque de María Luisa, deteniéndose en el camino para contemplar la antigua fábrica de tabacos, hoy universidad, donde Merimée sitúa la acción de su célebre obra Carmen.

Vale la pena dedicar una jornada entera a conocer el río Guadalquivir y sus orillas, visitando la Torre del Oro y el paseo del Marqués de Contadero, situados en la margen izquierda. Muy cerca se encuentra la Maestranza, famosa plaza de toros que posee un interesante museo taurino. Atravesando por el puente de Isabel II, más conocido como el Puente de Triana, se llega a la calle Betis, una de las más bellas  y marchosas de la ciudad. En esta misma orilla hay instalaciones deportivas y restaurantes con terrazas al aire libre desde donde se puede contemplar el río.

Hay excursiones en barco que cubren el curso del río por la ciudad y resultan muy agradables. También se puede optar por un viaje de ida y vuelta, de larga duración, hasta Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), lugar de la desembocadura del río.

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