Publicado por: María Belén-
«Cívica semeja una aldea tibetana o el decorado de una ópera de Wagner. El viajero no estuvo nunca en el Tíbet pero se imagina que sus aldeas deben ser así, solemnes, miserables, casi vacías, llenas de escaleras y balaustradas, colgadas de las rocas y también horadadas en la roca.” Nuevo Viaje a la Alcarria. Camilo José Cela.

Merecedora de las letras del premio Nobel, y a pesar de su abandono, Cívica no es un destino, ni un pueblo, ni una aldea… es un misterio enclavado en el paisaje por la mano del hombre, a la vera del río Tajuña.

Este pequeño conjunto abandonado que presenta una serie de arcos, puertas y balaustradas horadadas en la roca de la montaña, es accesible al público que puede ingresar al lugar que está abierto, sin ningún cercado o advertencia que impida visitarlo.

La creación de este entramado de túneles, huecos y ventanas fue posible gracias a las características kársticas de la roca erosionadas por el viento y el agua pero también por iniciativa de don Aurelio, el cura de Valderrebollo. El sacerdote, que en los años sesenta heredó la propiedad donde se encuentra esta aldea abandonada, decidió edificar sobre las mismas rocas y oquedades, un laberinto de balaustradas, barandillas y escalinatas a modo de verdadera red comunicante entre las grutas.

Actualmente, Cívica está en un estado de abandono total y la maleza gana terreno entre algunos muretes derrumbados aunque aún se puede apreciar los restos de lo que fuera una fuente y una pequeña plazoleta con adoquinado.

Algunas personas llegan a Cívica por el libro de Cela haciendo su propio viaje a la Alcarria, otros pasan de casualidad o se detienen por curiosidad. Lo cierto es que la aldea abandonada está ubicada en un lugar de extraordinaria belleza paisajística que se potencia en otoño cuando una serie de cascadas discurren por entre las paredes de piedra, se abren paso entre el musgo y las enredaderas para unirse finalmente, a las aguas del Tajuña.

Foto: Fotonazos

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