Publicado por: María Belén

Los villancicos, esas sencillas coplas tan hoteles en Baqueira. A no ser que, claro está, quieras pasar un poco más de frío y decidas hospedarte en los hoteles en Sierra Nevada.

Sucede que, mientras los nobles y burgueses celebraban reunidos en la intimidad de sus casas, las clases populares lo hacían en las calles acompañando sus cánticos con libaciones alcohólicas que, con el paso de las horas, modificaban sus letras hasta alcanzar un tono ofensivo y soez. Por tal motivo, el Ayuntamiento en 1835, debió prohibir las rondas navideñas.

Como vemos, los cánticos callejeros eran utilizados preferentemente por las clases bajas, lo que en la Edad Media se conocía por villanos; éstos que solían ser honestos trabajadores habitantes de las villas, eran considerados por los nobles, seres que rondaban la pobreza y como la pobreza en esa época se equiparaba a la corrupción moral, el ‘villano’ era considerado poco honesto, sin nobleza ni honor, capaz de realizar los actos más viles. De ahí que, hoy en día, se considera villano a alguien indigno, ruin o indecoroso.

A los hombres de campo se les solía llamar también villancetes o villancejos, denominación que se extendió también a los cantares de estos individuos conocidos como villancicos.

Originariamente, estas composiciones músico poéticas trataban hechos de la vida cotidiana con un texto vulgar, un estilo rústico y un contenido alegre que repetía en el estribillo el resumen del tema central.

Como vemos, sus orígenes no fueron religiosos pero, en el siglo XVI, la Iglesia en un intento de acercar la religión al pueblo, promovió que estas coplas sencillas se cantaran durante la liturgia del Corpus y la Navidad.

Hoy en día, los villancicos acompañan y elevan el espíritu navideño y no podríamos concebir la fiesta sin ellos.

Foto: Mi kinder

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